De panes y de peces

Era Semana Santa, hacía tiempo que Él ya no estaba entre nosotros.
Se encontraban a la orilla del lago, lanzando sus cañas, a la espera.
Llevaban pan en abundancia, pero hasta el momento sólo un pez.
Nos invitaron a compartir con ellos, pero queríamos subir a ver un castillo unos kilómetros más arriba, así que prometimos regresar más tarde.
Al atardecer, al volver, los encontramos muy animados como si les hubiera sucedido algo increible. Saltaban, se abrazaban, como sumergidos en un éxtasis compartido.
¡Se han multiplicado los peces!





Todo tenía su explicación:


Cristianismo, judaismo e islamismo

Mientras el papa de Roma se empeña en defender que nazca todo aquel que deba nacer sin importar el precio y en colaborar en la lucha contra el SIDA sin tener demasiado en cuenta las circunstancias y la forma de vida de los africanos, los hermanos judíos del estado demoteocrático de Israel tienen otro tipo de teoría sobre la vida de los que no comparten sus creencias:
"Un tiro, dos muertos" es el lema bajo el dibujo de una musulmana embarazada.

Y no es que comparta la aplicación del islam que también tiene sus curiosas tradiciones.

¿Son estas las tres grandes religiones que nos deben salvar?



http://www.elpais.com/articulo/internacional/Soldados/israelies/lucen/camisetas/incitan/matar/palestinos/elpepuint/20090322elpepiint_8/Tes

Thanksgiving Day

Se sentía sola, la necesidad de ser madre la abrumaba.
Tenía unas creencias religiosas tan arraigadas que gran parte de su vida giraba en torno a la iglesia.
Dios no la había dotado de un mal físico en su juventud, pero la ansiedad por la ruptura con su novio, tras una espiral de voracidad incontrolable la había convertido en talla XXL que ahora le impedía encontrar con quien compartir sus sueños.
Decidió redirigir su búsqueda, su esperanza era inagotable.
Internet le proporcionaría la puerta para entrar en contacto con gente.
Así tendría la oportunidad de darse a conocer sin el inconveniente que suponían los prejuicios por su aspecto.
A pesar de las dudas que puede generar moverte en los ambientes virtuales, donde nunca puedes sentir el suelo bajo tus pies ella decidió dejar que su corazón la guiara.
Tal como había supuesto no tardó en sentir afinidad por alguien.
El era americano como ella, pero se encontraba lejos, estaba desplazado en África por motivos de trabajo.
Durante días se volcó en alimentar sus sueños.
De los mensajes pasaron al teléfono y pronto hablar con él se convirtió en una necesidad. Era ella quien llamaba, porque desde África las comunicaciones eran complicadas. Su vida cobraba sentido. Sus profundas creencias religiosas chocaban con algunas de las situaciones a las que se enfrentaba, pero su ilusión le hacía ver una luz donde siempre había visto sombras, no se le pasaba por la cabeza desaprovechar esta oportunidad.

Se acercaba el momento del regreso a Norteamérica y esa perspectiva acrecentaba día a día su ilusión. De repente algunos problemas económicos en el proyecto le impedían volver a casa. No sabía en cuanto tiempo podría resolverlos y la espera se hacía eterna. Le pidió algo de dinero prestado para poder adelantar su vuelta. Ella creía en su sinceridad pero en su entorno empezaron a sembrar dudas.

Una mañana de primavera, mientras hablaban, un pensamiento cruzó su mente, un recuerdo de su infancia, el olor a pavo asado
- Jhon, hoy voy a casa de mis padres para celebrar Thanksgiving Day, ¡me gustaría tanto que estuvieras aquí para celebrarlo!
- A mí también me encantaría ¡no te imaginas cuanto!
Ni ella sabía porque había dicho eso, pero nada más decirlo ante la respuesta de él todas sus esperanzas se esfumaron de repente. Sintió que sus ánimos se desvanecían e incluso las piernas le temblaban.
Ningún americano puede ignorar que Thanksgiving Day es una fiesta otoñal, un día muy familiar que paraliza el normal discurrir de la vida norteamericana.
Su pequeño mundo que en poco tiempo estaba tomando un color desconocido se convertía en un borrón negro.
¿Qué haría ahora?

Un muslim de clase media

Llegó a este país hace algunos años. Esta tierra había cambiado mucho desde los años en que era una parte importante del mundo islámico, tal como había leído en los libros y había escuchado tantas veces en las leyendas que contaban sus mayores.
Era un soñador que hubiera deseado vivir en esa época mítica.
Pero moverse en este nuevo entorno a pesar de los avances conseguidos no era más fácil que entonces. Además muchas de sus tradiciones no estaban permitidas en la sociedad en que vivía.

Cuando llegó a su casa, un tercer piso sin ascensor de 120 metros en una zona del casco viejo tenía un aspecto apesadumbrado.

La crisis económica se estaba cebando especialmente con una clase media, que confiada por una época de bonanza económica sin precedentes, estaba viviendo endeudada, por encima de sus posibilidades.

Esta mañana le habían comunicado que formaba parte de un ERE y era muy probable que perdiera el empleo de forma definitiva.
Sus ilusiones, propias de otro tiempo, se enfrentaban a una idea que no paraba de rondarle en la cabeza. Se avecinaban tiempos poco propicios para un haren de clase media.

Tengo una pregunta para usted

- Señor presidente, cree que la crisis durará poco y en mi trabajo mis compañeras seguirán trabajando conmigo?
- ¿Qué trabajo tienes? ¿En que sector trabajas?
- Trabajo haciendo luces de emergencia.
- Puedes estar segura que mi gobierno va ha hacer todo lo posible para mantener y aumentar tu trabajo. No en vano nosotros mismos estamos en una emergencia.

(señor presidente, no siempre puede ser favorable a todo, podrían malinterpretarlo)

Sinergia cerebral

A pesar de las reticencias de la plataforma en defensa del individuo, iba a tener lugar el experimento. Desde que se conoció había planteado una gran polémica porque la intimidad e inviolabilidad del pensamiento hasta ahora era una de las pocas cosas que se consideraba irrenunciable en aquella sociedad.

Pero aquellos científicos, dado la difícil situación a la que se estaba enfrentando la humanidad habían decidido arriesgar esos valores individuales en favor del grupo.
Fueron sometidos a entrenamiento de respeto a intimidad o a otros de reducción de envidias. Todos habían rechazado el uso de drogas, ya que aunque podían asegurar estos mismos fines, suponían una merma en la capacidad del grupo y no eran momentos para prescindir de nada ni nadie.
De la cúpula de aquella gran sala colgaba una especie de cordón umbilical que conectaba el cerebro de todos ellos como un racimo de uvas. Había llegado el momento.
Lo que sucedió a continuación fue sorprendente, porque una vez sus pensamientos comenzaron a intercambiarse, zonas del cerebro no usadas (se suponía que sólo el 15% del cerebro estaba activo) empezaron a mostrar actividad.
Cada cerebro reservó una zona para almacenar pensamientos íntimos o personales pero el resto fue sucesivamente poniéndose en común en lo que llegaba a ser un ritmo frenético de ideas, algunos lo definieron como algo místico, como una situación de éxtasis nunca vivida.
A pesar del riesgo que supuso en algunos momentos para las vidas de aquella gente esa actividad mental desbocada, el resultado mereció la pena.

La importancia de lo inmaterial

Al salir de casa repasó mentalmente todas las cosas que necesitaba llevar consigo: llaves de casa, monedero, móvil, guantes, bufanda y el bolso con cosas que aunque no necesites no te molestas en dejar e incluso algunas que no sabes que llevas.

Fue en el bar, al ir a pagar unas cervezas cuando de pronto esa sensación de arropamiento mental que generan esas pocas pertenencias desaparece. ¿Dónde estaba el bolso? Le sigue el desconcierto, la idea del robo, la desnudez de lo material.
Los contactos en el teléfono robado imposibilitan cualquier comunicación remota, sin dinero la distancia a casa o a lo conocido cobra un sentido real, incluso sin identificación dudas por un momento quien eres.

Al cambiar de manos todos esos pequeños símbolos materiales que piensas representan de algún modo tu vida se volatilizan y en manos del ladrón quedan sólo unos pocos euros, que seguramente malgastará.

De repente eres consciente que guardabas contigo y no en el bolso todo lo que necesitas.